Esta entrada va de melancolías, de hablar de la llegada del otoño y las hojas caducas. Va del aire fresco que ya sopla por las noches, de la chaqueta que a ratos va apeteciendo, del encapsulamiento de ánimos que llega con los primeros amaneceres fríos.
Esta entrada va de inquietudes, de sueños que no terminan de cumplirse, del desasosegado sentimiento del paso del tiempo. Va de ser consciente que se acortan los días igual que se acorta la vida, lentos pero implacables. Va de las ausencias, los malos entendidos, las diferencias, los echares de menos, las ilusiones perdidas.
Estas letras van de buscar consuelo, en todos los tiempos que no fueron, ni serán, ni son. Va de construir un presente sin daños del pasado, sin aspiraciones de futuro, que es lo mismo que decir que va de lo imposible, de lo que es tan difícil de conseguir que acaso uno pierde las ganas de pelearlo.
Va de la ilusión perversa de que quizás sí que se pueda, a pesar de tanta piedra en el camino, de tanta discrepancia, de tanta emoción podrida. Va de no rendirse nunca, aunque el dolor acidifique el camino. Va de levantar la cabeza y perdonarnos, asumir que el mal es también parte de la vida y las debilidades, parte de cada uno de nosotros.
Va de rendición y esperanza, de arrojo y derribo, de apuestas y rendiciones, así, tal cual, como si habláramos de la vida misma.