viernes, 31 de diciembre de 2021

Un sueño de ida

En mi acérrimo empeño por quitarle trascendencia al día de hoy no he podido hacerlo peor. No quería hacer balance, no quería dar felicitaciones, no quería sentir nada... Y, una vez más, la vida sigue su curso mientras hacemos planes. 

Puede que hoy esté siendo, con diferencia, uno de los días más felices de este 2021 que se despide. Por fin cogí ese vuelo, ese con el que emprendo mi gran sueño, ese que tanto se hizo esperar. A partir de ahora, mi único objetivo será permitir que la vida me siga sorprendiendo. 

En los últimos días me he despedido de todas las cosas y personas que me rodean a diario y ahora, mientras sobrevolamos el tacón de Italia, por fin me doy cuenta de lo afortunada que soy. 

En el asiento 9C de un vuelo a Estambul viaja una mujer. Ha decidido que por fin va a regalarse el gran sueño de su vida en forma de viaje. Hace años que lo sueña y por fin se materializa. La acompañan 9 kilos de mochila y todas las emociones que puedan caber en una persona. A un ladito deja tantas cosas bonitas que no acierta a comprender porque nunca se sintió afortunada. Tiene una familia preciosa a la que adora y que, a pesar de quizás no terminar de entenderla, la han apoyado en cuantas ideas locas han pasado por su cabeza y se han sentado a su lado en el suelo cuantas veces cayó, que fueron bastantes. 

No tiene muchos amigos o quizás si, porque contándolos son un buen puñado. Un ramillete de hermosísimas personas que el universo ha querido poner a su lado. Espejitos donde mirarse, reconocerse y aceptarse.

La vida la premió también con grandes aventuras y cada vez que puso el corazón en algo, al final lo consiguió. 

Y, además, por si todo eso no fuera suficiente, prosigue su escalada en la gran montaña del amor, ese que llaman incondicional, ese que no necesita pensarse porque solo se siente. En ese gran Everest, quizás no haya llegado aún al campamento base y, visto y sentido lo vivido, las vistas desde la cima deben ser tan increíbles que no tiene ninguna intención de abandonar. Quizás empieza a entender el alpinismo... 

Esa mujer cierra su 2021 con el corazón rebosando agradecimiento y amor. Ningún rencor es posible ahora. Ningún dolor, sólo la dicha de ver el camino como es: una densa niebla que apenas permite ver los siguientes pasos y, con eso, no hace falta nada más. 

Gracias a la vida por permitirme tanta fortuna. Cada momento es perfecto tal cual es. Feliz vida, un nuevo año, páginas en blanco. Todo es posible. 


viernes, 24 de diciembre de 2021

El milagro de la Navidad

 "Quiero ver esto de forma diferente". UCDM

Hoy me he despertado con la misma intensa tristeza que llevo arrastrando desde que me rompí. Desde por la mañana llegan felicitaciones de Navidad que no me resuenan, que no me llegan, que no me transmiten nada. Me he despertado tan preocupada que lo único que me ha quedado ha sido, por fin, rendirme.

Y ha sido entonces cuando he empezado a colocar las piezas del puzzle. Empecé por las mariposas, las dibujadas en su recuerdo. Y lo he entendido. Trataría de explicarlo pero mis letras siguen en su mundo particular y no quieren juntarse, así que escribiré las únicas que me salen: Gracias. Gracias a la vida porque me construyó un camino con el que crecer, gracias a la vida que me rodeó de personas que me acompañan en cada paso del camino a pesar de no entender nada. Gracias a tantas experiencias que me han hecho transcender miedos y hasta disfrutarlos y gracias, sobre todo, por tanto amor que he podido entregar y entregarme y tantos momentos de paz que me han permitido acumular fuerzas para seguir enfrentando miedos. 

Feliz vida. Re-comenzamos.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Ante los miles de pedacitos. ¿Y ahora qué?

 Y, casi dos años después lo vuelvo a intentar, confiando esta vez en que el universo querrá concedérmelo, tratando de encomendarme al "lo que tenga que ser", pero cruzando los dedos, esperando que esta vez sí que estará para mí. Y, si no, buscaremos plan B o C o D... o aceptaremos o aprenderemos a aceptar. 

Hace ya unos días que sentí que me rompí. Quiero tratar de explicar lo que sentí, pero estoy desentrenada, no encuentro las palabras. Sólo se que, desde aquel día, no he vuelto a llorar. Me sentí como un niño que se ha pasado el día construyendo su castillo de arena y al atardecer ve impasible como se lo lleva la marea. Quizás sabía que iba a llevárselo y, aún así, dio lo mejor de sí cuando lo construyó. Y, aun así, no puede evitar la tristeza al verlo desaparecer. Y, aun así, sabía que llegaría el momento y lo despide como se despide al atardecer, sabiendo que mañana sale el sol de nuevo. 

Hoy no me salen las palabras, mis letras son torpes, lentas, acaso como mis emociones. Se me desordenan las ideas, se enredan las frases, se hunde la inspiración. Abro el cofre de las miles de piezas y no se por donde comenzar, quizás por el pelo, pero cada día cambia de color así que tampoco puedo. Quizás por las manos, pero han adelgazado y ya no estoy segura de donde encajan los nudillos. Podría empezar por las mariposas, esas son pintadas y no han cambiado, si acaso algo apagadas, si acaso desgastadas, pero deseando echar a volar de nuevo. Si, creo que si, que podría empezar por ahí, por reconstruir pieza a pieza las alas y seguir el puzzle. No tengo prisa, es un trabajo fino, reconstruir una versión diferente. ¿Mejor? ¿Quién sabe? Como mínimo diferente, para hacerlo de otra forma esta vez, a ver cómo sale. No me arrepiento de nada, de nada de lo que dí, de nada de lo que fuí, de nada de lo que sentí. Hoy sólo quiero sentir que a cada paso aprendo y experimento. Objetivo: disfrutar, o seguir disfrutando porque esta vez sí que lo sentí, sí que viví, sí que fui feliz. 



sábado, 11 de diciembre de 2021

Me rompí

Y ocurrió. Como esos días en los que empieza a llover de forma pausada y constante. Pareciera que no ha sido tanto y sin embargo la ciudad se ha inundado. Así mismo fue como me rompí. 

Amaneció un día de lágrimas sin fin, constantes y silenciosas, sin desgarro, casi sin dolor y fue entonces, cuando el llanto acabó, cuando sentí que me había roto en miles de pedacitos. Y me di cuenta, de que ya nadie podría ayudar a recomponerme.

He metido todos los trocitos en un cofre y desde ahí comenzaré a encajarme, como un puzzle de diez mil piezas. Y ahora, sin espejo, podré hacerlo a mi antojo, como siempre quise que fuera, como siempre supe que podía ser.