Y, casi dos años después lo vuelvo a intentar, confiando esta vez en que el universo querrá concedérmelo, tratando de encomendarme al "lo que tenga que ser", pero cruzando los dedos, esperando que esta vez sí que estará para mí. Y, si no, buscaremos plan B o C o D... o aceptaremos o aprenderemos a aceptar.
Hace ya unos días que sentí que me rompí. Quiero tratar de explicar lo que sentí, pero estoy desentrenada, no encuentro las palabras. Sólo se que, desde aquel día, no he vuelto a llorar. Me sentí como un niño que se ha pasado el día construyendo su castillo de arena y al atardecer ve impasible como se lo lleva la marea. Quizás sabía que iba a llevárselo y, aún así, dio lo mejor de sí cuando lo construyó. Y, aun así, no puede evitar la tristeza al verlo desaparecer. Y, aun así, sabía que llegaría el momento y lo despide como se despide al atardecer, sabiendo que mañana sale el sol de nuevo.
Hoy no me salen las palabras, mis letras son torpes, lentas, acaso como mis emociones. Se me desordenan las ideas, se enredan las frases, se hunde la inspiración. Abro el cofre de las miles de piezas y no se por donde comenzar, quizás por el pelo, pero cada día cambia de color así que tampoco puedo. Quizás por las manos, pero han adelgazado y ya no estoy segura de donde encajan los nudillos. Podría empezar por las mariposas, esas son pintadas y no han cambiado, si acaso algo apagadas, si acaso desgastadas, pero deseando echar a volar de nuevo. Si, creo que si, que podría empezar por ahí, por reconstruir pieza a pieza las alas y seguir el puzzle. No tengo prisa, es un trabajo fino, reconstruir una versión diferente. ¿Mejor? ¿Quién sabe? Como mínimo diferente, para hacerlo de otra forma esta vez, a ver cómo sale. No me arrepiento de nada, de nada de lo que dí, de nada de lo que fuí, de nada de lo que sentí. Hoy sólo quiero sentir que a cada paso aprendo y experimento. Objetivo: disfrutar, o seguir disfrutando porque esta vez sí que lo sentí, sí que viví, sí que fui feliz.
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