O 46, porque nací en primavera. ¿Cuenta la primera si es a medias? Nací un 24 de Abril o eso me han dicho. Yo no me acuerdo, la verdad, estaría ocupada con algo.
Dicen que los recuerdos son un 80 % construidos y un 20 % verdad, o algo así. Así, por ejemplo, sé que cuando tenía un año me pusieron un vestido de flamenca blanco que volvió color albero (eso debe ser construido porque es imposible que me acuerde). Pero sí recuerdo el vestido blanco de comunión teñido de verde de la barandilla con la que jugábamos a resbalarnos el día de mi comunión. Un rato de diversión seguido del momumental cabreo de mi madre...
Los años pasan, la piel envejece, se mancha, se destiñe, se arruga. El alma también envejece, a ratos también se arruga, a ratos se plancha de calma, esa que sólo puede darte la experiencia y la sapiencia de haber transitado tantos dolores ya. Aquel 18 cumpleaños rodeado de amigos, la fiesta perfecta para la mayoría de edad. Los 30 con amigas en un espectáculo de "boys", defendiendo la adultez y la soltería, ya que entonces tenía claro que nunca me casaría; los 35 en Oporto!, con una felicitación en portugués, los 38 una feria en casa, los 39 un cumpleaños vegano, los 40 de vuelta a casa, rodeada de la familia y de los mejores amigos, de esas personas que son con las que justo quieres estar. No estuvieron todos los que son, pero si fueron todos los que estuvieron.
Y hoy los 45, en casita, no encerrada, porque no pueden segarse las alas de una mariposa, si acaso atárselas, si acaso mojárselas para que tenga que volver a secarlas antes de volar de nuevo.
Y, desde muchos puntos de la geografía mundial, muchas almas bonitas se acuerdan y me lo hacen llegar, con corazones, con abrazos virtuales, con cantos en alemán o en inglés, con audios, vídeos, videollamadas, fotos o mensajes. Es bonito que se acuerden, aunque sea una vez al año, como en navidad. Ser consciente que la vida pasa y a veces pasa y ha cambiado mucho y otras no ha cambiado nada.
Y entonces era muy diferente, es cierto. El año pasado fue muy diferente y alguna vez quizá fue igual que hoy, a solas, o tampoco, porque hoy está Aasha. Ella no canta cumpleaños feliz ni sopla velas ni come tarta, pero cada mañana me recibe como si todos los días fueran la primera vez que me ve. Así debería ser siempre con las personas, así deberíamos ser. Disfrutar la compañía sin olvidarnos que es un regalo, que la costumbre no se convierta en apatía, que sigamos diciendo: GRACIAS, por querer que este día y todos sea feliz y por querer compartirlo conmigo.
Cabalgata de fotos, mensajes, recuerdos y personas extraviadas que no perdidas. Benditos días de reflexión y amor incondicional, ese que sabe que todo hay que hacerlo siempre desde el corazón y que sólo desde ahí estará siempre bien.