lunes, 13 de abril de 2020

Abundancia. El valor de lo que sí

Hoy en una conferencia el ponente nos invitaba a abrir los ojos ante la abundancia que nos rodea. Sugería salir a pasear y observarlo en cada detalle. El vídeo estaba grabado antes de la situación en la que estamos inmersos, con lo que la invitación se hacía difícil de aceptar. 

Sin embargo hoy me tocaba compra, así que allá me fui, a escuchar un rato las divagaciones de Antonio sobre el comercio local y los aplausos en los balcones. Se disculpaba porque apenas tenía de nada, tras los días de Semana Santa no había dando tiempo a que llegara la mercancía. Miré los cestos: la tienda estaba repleta. 

Me volvió a la memoria aquel mercadillo de Ndiawara en Senegal, donde con un poco de suerte conseguías una berenjena entera o una zanahoria y media de más. No importaba si tenías dinero o no, simplemente no llegaba nada, así que no había qué comprar. Agradecí la suerte que tenemos por tener esa abundancia de todo y en lo poco que la valoramos y entonces paré mis pensamientos de nuevo. 

El ponente de la conferencia hablaba de abundancia por doquier, abundancia de abundancia o abundancia de escasez. Así que sumergida en mi nuevo propósito de ser positiva y desterrar la queja me dije: está bien, puede que en Ndiawara tuvieran abundancia de escasez de alimentos, de comodidades, de luz o de agua corriente, pero eran tremendamente ricos en otras cosas. Había abundancia de niños corriendo por todas partes, abundancia de risas, de bailes, de buen humor, de positivismo, de aceptación. Abundancia de música, de silencio, de estrellas, de naturaleza, de sencillez, de simplicidad. Abundancia de colores, de comunidad, de ayuda, de cooperación, de dicha. 

Es posible que no tengamos siempre de todo, pero siempre tenemos mucho de muchas cosas y hay dos posibles posturas que podemos tomar: centrarnos en aquello que escasea o reconocer la cantidad de cosas de las que sí podemos disfrutar. Y eso vale para todo, para la vida, para el amor y para la cesta de la compra. 

Espero que disfrutes de estos días de abundancia de tiempo para la reflexión. Para mí están siendo un regalo, un ungüento con el que sanar heridas y un intensivo sobre resiliencia y superación. No hay como centrarse en lo que sí para decidir, definitivamente, que lo que no, realmente no importa. 

Los buenos tiempos no volverán porque nunca se fueron, siguen aquí, ocultos tras las cortinas de los miedos y las incertidumbres. Sólo hay que abrir las ventanas y dejar paso. Como escribió Leonard Cohen: "Hay una grieta en todo; sólo así entra la luz".


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