Y también hay días de nubes, momentos de esos en los que no hay vía para calmar el ánimo y todo está gris, como el cielo de esta primavera. Y el reto entonces es aprender a aceptar esos momentos como parte del proceso, de la vida, porque lo es y asumir que todo pasa, las nubes, el sol y la primavera cediéndose al verano. Y asumir también que hay emociones que no dependen de estaciones, que algunos ánimos están y estarán ahí independientemente de nanobichos y nublados.
Leía por ahí que puede ser que estos días extrañemos a gente que normalmente no. Personas de las que te acuerdas porque tienes más tiempo para pensar. He revisado mi memoria: no. No hay gente nueva ni vieja que asomen a mi pensamiento. Echo de menos a la misma gente de siempre, sólo que más, porque ahora no están en mi rutina. Y me acuerdo de la misma gente todos los días y sigo preguntando "¿cómo estás?" lo mismo de siempre, puede que a ratos sí un poco más, como si esperando que su "estoy bien" me haga sentir a mi un poco mejor.
Y luego están esas otras, aquellas que ya no están en tu vida por alguna razón y entonces te acuerdas y te preguntas qué te dirían en estos momentos o qué pensarían acerca de todo esto. Y entonces permites a tu pensamiento que divague un rato rondando esas almas que dejaron de estar y les deseas lo mejor, donde quiera que se encuentren, porque un día formaron parte de ti y la vida, o el libre albedrío, decidió que ya no.
Una inspiración profunda, una mirada al cielo gris, una llamada en voz bajita al sol para que se asome a calentar tu ánimo y un seguir adelante, porque no queda otra, porque por mucho que nos empeñemos seguir es la única opción.
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