martes, 25 de enero de 2022

Egipto. Junio 2021. Y, por fin, el mar


Creo que con cada viaje me vuelvo un poco más intolerante a ciertas cosas, y, a la vez, más compasiva. Más intolerante hacia la incomprensión, la opresión, la privación de libertad, la falta de empatía. El hotel de Hurghada está lleno de rusos, igual que el barco. 

Mi primera tendencia fue decir: "vaya con los rusos", hasta que alguien me recordó esta mañana que no es una nacionalidad concreta, todos los pueblos compartimos ciertos defectos que la raza humana trae en genes: 
Comer como si mañana empezaran 10 años de hambruna, beber como si el mundo fuera a acabarse, comportarse como elefantes en una cristalería. No se si va con las vacaciones, con la cultura social o con el poder de la manada. El caso es que eso es lo que hay en mi hotel y en el barco de buceo en el que me encuentro: un montón de blanquitos que ni siquiera vemos al que nos tiende la mano para subir o el que nos ofrece el almuerzo. 

En fin, aumenta mi intolerancia hacia ciertas cosas, aumenta también mi compasión hacia otras. Me quedo disfrutando de este momento, de la maravilla que nos mece: ese mar que es igual para todos, a todos da, a nadie quita. Solo se deja ser, calma en el fondo, ondulando con el viento su superficie. Y así siempre y desde siempre. 

Besos salados desde un rinconcito del Mar Rojo. Tocando a su fin esta aventurita post pandémica. 

Egipto. Junio 2021. El día D

Hay un momento del viaje que siempre prevalece entre los demás. No es cuando llego ni cuando me voy, cuando visito el monumento más importante o la montaña más alta. Nunca se cuando aparece, pero siempre llega, cada vez. Creo que es el cúmulo de emociones que me inunda lo que hace que vuelva a por más. Es una mezcla de compasión, humildad y felicidad. No puedo expresarlo. No es siempre igual, cambia según el destino. Es verdad que viajando por Europa esa emoción difícilmente aparece, quizás por eso Europa es siempre mi última opción. 

Esta mañana mi despertador sonó a las 3:15, a las 3:30 salíamos para el paseo en globo sobre el valle de los Reyes. A las 5:30 aun no habíamos salido. Una ligera brisa lo impedía. Por fin, a eso de las 6, el sonido del fuego calentando el aire de unos 6 u 8 globos a la vez me erizó la piel. Minutos después, sobrevolabamos los templos de Luxor y el valle del Nilo y ahí fue, ese momento. Bajo mis pies un país lleno de historia, grandes tesoros saqueados y mucha, mucha pobreza; frente a mi la maravilla de paisaje que nos regalaba la mañana y en mi corazón, un profundo sentimiento de agradecimiento por permitirme vivirlo. La dicha de sentirme afortunada y la compasión que merece cualquier pueblo, el que sea, por su dolor. 

Me quedo el resto de lo que sentí porque es mío y es lo que me llevaré adonde quiera que sea que vaya. 

Algunas horas después el guía nos mostraba las estatuillas de alabastro echando una mano a los vendedores ambulantes. Quiero repetir su frase, para que no se me olvide: “Déjalos buscarse la vida, mujer. Esta gente lleva un año y medio sin comer" Y entonces volvió, la humildad, el sentimiento de fortuna, la compasión y el zasca en toda la cara que necesitamos de vez en cuando y que sólo llega cuando te alejas, cuando te paras, cuando miras sin juicio y comprendes, que lo más importante no es lo que ves, si no, efectivamente, el cristal a través del cual lo miras. Y sabes que volverás a perderte, porque vuelven las noticias, Internet y las redes sociales, pero también sabes que siempre puedes retornar. Sólo necesitas tomar la decisión de alejarte una vez más y perderte del todo para conseguir encontrarte y así... cada vez. 

Con esa emoción partimos a Hurghada, la etapa relax y disfrutona del viaje, que también toca. 

Besos mil, bañados por ese desierto infinito que ya hace cuatro horas que se ve desde la ventana del bus. 

Egipto. Junio 2021.Abu Simbel. El hombre que quiso ser Dios.

 
O el que se supo Dios, depende de la creencia que cada cual abrace.

El caso es que Ramsés II, allá por el 1500 a. C. se cansó de erigir templos a los Dioses y quiso uno para sí mismo. Se alejó de la entonces capital del Imperio: Luxor y se buscó una montaña apartada junto al Nilo y, con su entrada mirando a la salida del Sol, construyó un templo en el interior. A su lado, en otra montaña, un templo para su esposa Nefertari. 

Y así nació Abu Simbel, esta espectacular obra realizada por el hombre que tuvo, en los años 60, un no menos espectacular traslado a su emplazamiento actual, alejado del original, que fue cubierto por las aguas del lago Nasser, cuando se construyó la presa de Asuán. 

Es un templo para sentir, hoy no me salen palabras.. Aquí entre nos, el intenso calor tampoco lo permite... 😅

Egipto. Junio 2021. El mundo sigue girando

Ha pasado más tiempo del que me hubiera gustado, pero por fin parece que el mundo va despertando o eso quiero pensar. 

El turismo vuelve tímidamente a Egipto. De los 20 barcos que pude contar en Asuán, solo 2 estaban ocupados. El nuestro con menos de la mitad del pasaje. 

Los egipcios no tienen miedo al covid, sí a la vacuna y sí a la verdadera pandemia que les llegó con las restricciones: el aumento del paro y la pobreza, ya acusadas antes de. 

Hay que volver a viajar, por el mundo, por seguir viviendo, por seguir conociendo. 

Necesidad fue mi motivación. Urgencia por retomar esa emoción que sentimos aquellos para los que viajar es algo más que visitar lugares. Para mi es recordar que nada importa demasiado: ni lo que hacemos, ni lo que decimos, ni lo que pensamos. Que quizás hace miles de años fuiste un gran faraón, pero hoy, a pesar de 4 sarcófagos y un escondite "inexpugnable", tu tumba está abierta en una sala de museo y tu oro expuesto al mundo. Y, visto de otro modo, puede que eso sea la vida eterna, un nombre que perdura durante miles de años. Entonces ¿Lo importante no era vivir el presente? Pues a lo mejor lo importante es sólo aquello que te hace feliz, porque el resumen es que todos volveremos al polvo, qué se yo... 

Si se que muchas grandes civilizaciones naufragaron en el tiempo, en todos los tiempos y que todo pasa y también algo queda. Tratar de hacerlo lo mejor posible... Y seguir adelante en cualquier caso. 

La llegada a Al Qahira (El Cairo) despertó mi memoria lectora infantil y aquellas historias de faraones de  "Los hijos de Sol", con las que se empezó a incubar mi necesidad viajera. Miles de años de historias semi enterradas en el polvo del desierto que poco a poco el Gobierno Egipcio parece decidido a desenterrar. 

Nos despedimos de El Cairo almorzando frente a las pirámides. Al otro lado del cristal del restaurante el incesante paso de vehículos bajo la mirada de esas imponentes construcciones resulta hipnotizante. Cuando abres la puerta, el golpe de Sol y el ruido de las bocinas te saca del trance: has vuelto al caos. 

En Asuán nos esperaba el denso calor del desierto soplando en la cubierta del barco y el maravilloso templo Philae, una construcción dedicada a Isis, la diosa de la magia. Entre sus muros historias de envidias, amores, conspiraciones y magia, mucho de eso, la que puede sentirse entre sus paredes y escalinatas naciendo del Nilo. 

El camino a Abu Simbel es solo desierto, todo el pais lo es, salvo el calmado cauce del río Nilo, el único que riega la sed de esta tierra. Tantos miles de años de historia nacidas de sus aguas. Fascinante de verdad. 

Abu Simbel para el próximo, se merece un cambio de capítulo. 

Una de viajes y más

Este viaje está siendo diferente a los anteriores, inevitablemente. Los anteriores tenían fecha fin y esta vez no la tiene. No es que sea indefinido pero no tiene un límite cercano. 

Tiene en común con los anteriores seguir observando el mundo con ojos aprendedores, pero no tener prisa me permite disfrutar de otras cosas: descanso cuando lo necesito, hago deporte y me quedo varios días en sitios en los que me siento bien, cuidada, casi como en casa. Llevo 3 días en Ayutthaya, en un hostel que es como si hubiera alquilado una casita de campo. Un enorme jardín, un gran salón y la comida aparece mágicamente a las horas en las que hay hambre. Hay perros, algunas bicis y una moto. 

Te permite conocer mejor a tus compañeros de cuarto, compartir almuerzos, cervezas y charlas y conocer las historias de cada uno. 
Definitivamente podría acostumbrarme a este tipo de viaje, no se por qué no lo hice antes y definitivamente no se por qué no pedí más tiempo. Bueno, quien sabe, puede que todavía pueda prolongarse a ¿indefinido? 

El japonés que conocí en Sukhotai lleva 13 años viviendo así, todas sus pertenencias las contenía una mochila de unos 60 l. No tenía intención que quedarse en ningún sitio de momento y, menos, de volver a casa. 

Escribo mis reflexiones en Instagram, por lo que tengo el blog algo abandonado. He pensado que, como Google me apremia por falta de espacio voy a traer al blog todos los mails viajeros enviados que consiga rescatar del servidor de correo. Aun no se si seguiré un orden hacia atrás, hacia delante o lo que encuentre. Ya veré. 

Algún día retomaré también mis historias, espero que pronto, cuando todo vaya rodando y recupere la soltura de mis letras, que continúan atrapadas en algún lugar de mi intención. 

Desde Ayutthaya con amor y luz, mucha luz, 

domingo, 2 de enero de 2022

El momento presente



El mundo es un lugar increíble. Increíble de verdad. No acierto a comprender cómo es posible que viajar no sea obligatorio. 

Mientras esperaba en cubierta que zarpáramos disfrutando mi café he experimentado, de verdad, la dicha del momento presente. Contemplaba un barco de pescadores recogiendo las redes a compás, un chico dirigiendo una zodiac con sus manos a la espalda, la brisa marina suavizando el calor del invierno Tailandés...
El segundo barco de pescadores que ha pasado llevaba sus redes recogidas. Uno de los chicos del barco nos ha saludado efusivamente y ha lanzado un grito al viento que ni Di Caprio en Titanic. Con su grito se me han activado todos los sentidos que el jet lag no ha dejado descansar y me ha emocionado, de verdad. Me he sentido como aquella vez que volaba desde Tenerife y me di cuenta que cada uno de nosotros era un conjunto de átomos, igual que las nubes (paranoias de químicos y "las 9 revelaciones...", da para otro post...) 

El momento no ha podido ser más perfecto: un café americano, que en Tailandia viene a ser como un doble (o triple) espresso, un cubito de piña con sal y chile, un barco sobre el mar de Andamán, las playas de Phuket como escenario, cielo despejado, temperatura de primavera. Firmo por sentir esto un instante al día el resto de mi vida. Creo que hay quien lo llama felicidad. 

Los guiris de cubierta se lo están pasando pipa, el mar los está empapando y ríen desatados. Creo que sienten lo mismo que yo: no hay momento más perfecto que ahora y ahora y ahora y así... para siempre.