Ha pasado más tiempo del que me hubiera gustado, pero por fin parece que el mundo va despertando o eso quiero pensar.
El turismo vuelve tímidamente a Egipto. De los 20 barcos que pude contar en Asuán, solo 2 estaban ocupados. El nuestro con menos de la mitad del pasaje.
Los egipcios no tienen miedo al covid, sí a la vacuna y sí a la verdadera pandemia que les llegó con las restricciones: el aumento del paro y la pobreza, ya acusadas antes de.
Hay que volver a viajar, por el mundo, por seguir viviendo, por seguir conociendo.
Necesidad fue mi motivación. Urgencia por retomar esa emoción que sentimos aquellos para los que viajar es algo más que visitar lugares. Para mi es recordar que nada importa demasiado: ni lo que hacemos, ni lo que decimos, ni lo que pensamos. Que quizás hace miles de años fuiste un gran faraón, pero hoy, a pesar de 4 sarcófagos y un escondite "inexpugnable", tu tumba está abierta en una sala de museo y tu oro expuesto al mundo. Y, visto de otro modo, puede que eso sea la vida eterna, un nombre que perdura durante miles de años. Entonces ¿Lo importante no era vivir el presente? Pues a lo mejor lo importante es sólo aquello que te hace feliz, porque el resumen es que todos volveremos al polvo, qué se yo...
Si se que muchas grandes civilizaciones naufragaron en el tiempo, en todos los tiempos y que todo pasa y también algo queda. Tratar de hacerlo lo mejor posible... Y seguir adelante en cualquier caso.
La llegada a Al Qahira (El Cairo) despertó mi memoria lectora infantil y aquellas historias de faraones de "Los hijos de Sol", con las que se empezó a incubar mi necesidad viajera. Miles de años de historias semi enterradas en el polvo del desierto que poco a poco el Gobierno Egipcio parece decidido a desenterrar.
Nos despedimos de El Cairo almorzando frente a las pirámides. Al otro lado del cristal del restaurante el incesante paso de vehículos bajo la mirada de esas imponentes construcciones resulta hipnotizante. Cuando abres la puerta, el golpe de Sol y el ruido de las bocinas te saca del trance: has vuelto al caos.
En Asuán nos esperaba el denso calor del desierto soplando en la cubierta del barco y el maravilloso templo Philae, una construcción dedicada a Isis, la diosa de la magia. Entre sus muros historias de envidias, amores, conspiraciones y magia, mucho de eso, la que puede sentirse entre sus paredes y escalinatas naciendo del Nilo.
El camino a Abu Simbel es solo desierto, todo el pais lo es, salvo el calmado cauce del río Nilo, el único que riega la sed de esta tierra. Tantos miles de años de historia nacidas de sus aguas. Fascinante de verdad.
Abu Simbel para el próximo, se merece un cambio de capítulo.
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