Tiene en común con los anteriores seguir observando el mundo con ojos aprendedores, pero no tener prisa me permite disfrutar de otras cosas: descanso cuando lo necesito, hago deporte y me quedo varios días en sitios en los que me siento bien, cuidada, casi como en casa. Llevo 3 días en Ayutthaya, en un hostel que es como si hubiera alquilado una casita de campo. Un enorme jardín, un gran salón y la comida aparece mágicamente a las horas en las que hay hambre. Hay perros, algunas bicis y una moto.
Te permite conocer mejor a tus compañeros de cuarto, compartir almuerzos, cervezas y charlas y conocer las historias de cada uno.
Definitivamente podría acostumbrarme a este tipo de viaje, no se por qué no lo hice antes y definitivamente no se por qué no pedí más tiempo. Bueno, quien sabe, puede que todavía pueda prolongarse a ¿indefinido?
El japonés que conocí en Sukhotai lleva 13 años viviendo así, todas sus pertenencias las contenía una mochila de unos 60 l. No tenía intención que quedarse en ningún sitio de momento y, menos, de volver a casa.
Escribo mis reflexiones en Instagram, por lo que tengo el blog algo abandonado. He pensado que, como Google me apremia por falta de espacio voy a traer al blog todos los mails viajeros enviados que consiga rescatar del servidor de correo. Aun no se si seguiré un orden hacia atrás, hacia delante o lo que encuentre. Ya veré.
Algún día retomaré también mis historias, espero que pronto, cuando todo vaya rodando y recupere la soltura de mis letras, que continúan atrapadas en algún lugar de mi intención.
Desde Ayutthaya con amor y luz, mucha luz,
No hay comentarios:
Publicar un comentario