martes, 25 de enero de 2022

Egipto. Junio 2021. El día D

Hay un momento del viaje que siempre prevalece entre los demás. No es cuando llego ni cuando me voy, cuando visito el monumento más importante o la montaña más alta. Nunca se cuando aparece, pero siempre llega, cada vez. Creo que es el cúmulo de emociones que me inunda lo que hace que vuelva a por más. Es una mezcla de compasión, humildad y felicidad. No puedo expresarlo. No es siempre igual, cambia según el destino. Es verdad que viajando por Europa esa emoción difícilmente aparece, quizás por eso Europa es siempre mi última opción. 

Esta mañana mi despertador sonó a las 3:15, a las 3:30 salíamos para el paseo en globo sobre el valle de los Reyes. A las 5:30 aun no habíamos salido. Una ligera brisa lo impedía. Por fin, a eso de las 6, el sonido del fuego calentando el aire de unos 6 u 8 globos a la vez me erizó la piel. Minutos después, sobrevolabamos los templos de Luxor y el valle del Nilo y ahí fue, ese momento. Bajo mis pies un país lleno de historia, grandes tesoros saqueados y mucha, mucha pobreza; frente a mi la maravilla de paisaje que nos regalaba la mañana y en mi corazón, un profundo sentimiento de agradecimiento por permitirme vivirlo. La dicha de sentirme afortunada y la compasión que merece cualquier pueblo, el que sea, por su dolor. 

Me quedo el resto de lo que sentí porque es mío y es lo que me llevaré adonde quiera que sea que vaya. 

Algunas horas después el guía nos mostraba las estatuillas de alabastro echando una mano a los vendedores ambulantes. Quiero repetir su frase, para que no se me olvide: “Déjalos buscarse la vida, mujer. Esta gente lleva un año y medio sin comer" Y entonces volvió, la humildad, el sentimiento de fortuna, la compasión y el zasca en toda la cara que necesitamos de vez en cuando y que sólo llega cuando te alejas, cuando te paras, cuando miras sin juicio y comprendes, que lo más importante no es lo que ves, si no, efectivamente, el cristal a través del cual lo miras. Y sabes que volverás a perderte, porque vuelven las noticias, Internet y las redes sociales, pero también sabes que siempre puedes retornar. Sólo necesitas tomar la decisión de alejarte una vez más y perderte del todo para conseguir encontrarte y así... cada vez. 

Con esa emoción partimos a Hurghada, la etapa relax y disfrutona del viaje, que también toca. 

Besos mil, bañados por ese desierto infinito que ya hace cuatro horas que se ve desde la ventana del bus. 

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