sábado, 4 de abril de 2020

21 días

Dicen que un nuevo hábito puede crearse en 21 días. Yo digo que depende... 

Hace años veía como un mural en la pared de mi casa se llenaba de cruces rojas. El objetivo era llegar a 100. Tras varios intentos, lo conseguí. Nunca es para siempre, nada lo es. 

No se porqué el ser humano se empeña en contar los días, nunca nos ha servido de nada. Vivimos esclavos de las fechas y el tiempo, del pasado, del futuro, de los acontecimientos. El fin de semana, la Semana Santa o el verano. Puede que sea cierto que tengamos que marcarnos un objetivo, pero ¿por qué ese empeño acérrimo por ponernos plazo tras plazo? 

Ya son 21 días, la mitad de nada, porque no sabemos el final. Mi mente juega conmigo y me da otros 21 para conseguir algo, se olvida que ya son 20 años, o 6 o 50 días o 6. 

Nos mentimos cada día y lo peor es que nos creemos nuestras propias mentiras: todo irá mejor después, todo cambiará, algo será diferente. Pero no es así. Volveremos a lo de siempre. Se nos olvidará el dolor, la tristeza y la espesura de muchos días y cometeremos los mismos errores: no hacer las cosas a tiempo, no decir las cosas a tiempo, no haber empezado a tiempo, no haber valorado a tiempo. Tan condicionados por el tiempo que nos boicoteamos a nosotros mismos. Estamos condenados a repetir los ciclos una y otra vez. El universo está diseñado de esa manera, no es casualidad que giremos cada día y cada año sobre un mismo eje, no es casualidad que se repitan las mismas oportunidades. La vida es generosa, nos da una y otra vez la opción de elegir y una y otra vez tomamos la decisión equivocada. El día de la marmota, una y otra vez. 

100 días... 

Hay algo que sí resulta esperanzador: las imágenes de un mundo sin el ser humano, la vida animal recuperando su espacio, los cielos descontaminándose, los mares regenerándose, la raza humana prisionera en sus propias casas, sintiéndonos enjaulados, con la de veces que hemos llamado a los zoológicos hogar para la vida salvaje, sin opción de elegir. 

Tengo que confesar algo: no pierdo la fe, nunca lo he hecho. A pesar de ver, vivir y sentir que las cosas no cambian, algo dentro de mi me hace creer cada día en un mundo mejor. Puede que sea por aquel mural de cruces rojas que me devolvió la esperanza en mí, puede que haber salido tantas veces de un callejón oscuro me haya capacitado para creer que volver a la luz siempre es posible. 

No es cierto que los trenes pasen una sola vez. El universo es tan generoso que nos da la oportunidad tantas veces como podamos volver empezar a contar: 1 semana, 21 días, 100... 

Volver a empezar, otra vez, tantas como la vida nos deje, tantas como murales seamos capaces de colgar, tantas como amaneceres se nos pongan por delante. Atravesar la vida de frente, con la cabeza bien alta, haciéndolo siempre de la mejor manera, con todo el corazón, con la certeza de saber que siempre es el mejor momento, porque no hay otro mejor que este para levantarse, sacudirse el polvo y seguir adelante. 


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