jueves, 2 de abril de 2020

Una de momentos felices

Érase una vez un trayecto infernal de tres horas de bus por una carretera pedregosa, seguidos de treinta minutos de caminata con mochila a cuestas, cinco de ferry y otros treinta o cuarenta más en moto. El destino: una cabaña algo destartalada sobre la arena de una playa solitaria. 

Un paseo por la orilla del mar, un sol y sombra del que arranca un chaparrón monzónico, un baño salado que acaba en resguardo bajo un árbol. 

Un hombre y una mujer contemplando como las gotas acumuladas en las hojas se derraman en hilos de agua sobre sus cuerpos. Se abrazan para que el calor les seque la piel, para que la lluvia los abrace a ambos. Se ríen de cómo hace un rato el sol les quemaba. Felicidad... 





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