domingo, 5 de abril de 2020

Primaveras robadas

Es como si el sol supiera que nos han robado la primavera. Se oculta tras el abrigo de nubes arropándose de este invierno tardío, una estación desubicada que no termina de florecer. 

El caso es que no es la primera vez que se nos entierra una primavera, tampoco será la última. Quizás es diferente porque esta vez está enterrándose para todos, en ese lugar adonde van los recuerdos que quieren olvidarse, pero que son para siempre. ¿Quién se lleva tantas primaveras? ¿Dónde quedan almacenadas las experiencias que no se tuvieron, las vivencias que no se experimentaron, los olvidos que no sucedieron? ¿Quién consigue olvidar de verdad las primaveras que quiso borrar y que quedan tatuadas en el alma? 

Durante toda mi vida he querido aprender a vivir menos emocionalmente, para  bajar la intensidad del dolor y hacer que la montaña rusa de mis experiencias fuera más equilibrada. Hoy me pregunto: ¿para qué? ¿Acaso conseguimos olvidar alguna vez el dolor? Nadie olvidará nunca esta primavera de 2020 que no sucedió, incluso aunque no se haya permitido tampoco vivir su invierno, su verano o su otoño. 

Miraba hace un rato al horizonte cenizo, el viento frío se paseaba por mi rostro y me susurraba y, por primera vez en muchos muchos años, mis pensamientos me decían que quizás no estaba equivocada, que la VIDA con mayúsculas era la única opción posible para vivir, que lo demás era pasar de puntillas, que AMAR a lo grande, REIR a lo grande, DISFRUTAR a lo grande era la única manera de no llegar a una primavera robada en la que arrepentirte de no haberlo dado todo. Porque, cuando todo esto pase, nadie olvidará que le fue arrebatada la primavera, pero muchos dejarán de recordar los buenos propósitos de los días que no fueron. La rutina volverá a apoderarse de los miedos, de las incertidumbres, de los atardeceres y soltaremos las manos, los amores, las sonrisas, como si pudieran recuperarse en cualquier otro momento. Habrá quién se olvide de cuánto se propuso hacer ahora que no puede hacer nada. 

Sin embargo, también habrá quien despierte, quien se de cuenta por fin que VIVIR es algo más que levantarse cada día a contar los días que faltan para la próxima vez. Entre ellos seguiré, espero, apostando por los vuelcos al alma,  por esos encuentros, esos momentos, esas experiencias que hacen que días como hoy tengan respuesta, aunque a veces me sienta injustamente atrapada en el diluvio que Dios mandó a Noe, por no haber encontrado un sólo hombre justo. 

El universo sabrá por qué hace las cosas. Yo seguiré buscando la razón de por qué las hago yo.



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