Y ocurrió. Como esos días en los que empieza a llover de forma pausada y constante. Pareciera que no ha sido tanto y sin embargo la ciudad se ha inundado. Así mismo fue como me rompí.
Amaneció un día de lágrimas sin fin, constantes y silenciosas, sin desgarro, casi sin dolor y fue entonces, cuando el llanto acabó, cuando sentí que me había roto en miles de pedacitos. Y me di cuenta, de que ya nadie podría ayudar a recomponerme.
He metido todos los trocitos en un cofre y desde ahí comenzaré a encajarme, como un puzzle de diez mil piezas. Y ahora, sin espejo, podré hacerlo a mi antojo, como siempre quise que fuera, como siempre supe que podía ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario