Una vez alguien le dijo que nunca conseguiría terminar nada, que su cabeza estaba llena de ideas que no se hacían forma. Una vez alguien le dijo que los sueños no sirven para esta vida, porque no son más que nubes que se desplazan con apenas un suspiro de viento. Una vez alguien le dijo que la vida era eso que se veía cada mañana, sin más cuento, sin más perspectiva, sin más historia.
Hace tiempo que ese alguien le dijo. Desde entonces su único objetivo era demostrar que sí era capaz de terminar algo. Sería capaz de demostrar que aquel alguien se equivocaba; que la vida sí se escribe en párrafos de sueños; que las nubes son capaces de construir una vida en la que sonreír cada día y que sí que había más cuentos, tantos como sus letras fueran capaces de componer, tantas veces como mantuviera la ilusión de sentarse frente al espejo y admirarse y tantos intentos como cada nuevo giro de la tierra le permitiera.
Esa era la forma que le daría: varios paños de nubes cosiéndose en un sueño que fuera capaz de bailar con la melodía del viento, como aquellas faldas de vuelo que adoraba de pequeña.
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