domingo, 29 de marzo de 2020

Dos semanas, la revelación

Hoy me di cuenta que el ritmo de mi alma es más rápido que el tuyo. Hoy por fin me di cuenta que no se puede forzar a nadie a aprender con tu experiencia. Hoy me di cuenta que la valentía también entiende de etiquetas y que se puede ser muy valiente para escalar el Everest, pero temblar ante la idea de nadar en el mar. Hoy por fin supe que, a veces, es mejor aprender por separado antes de estar juntos, que los momentos se calibran al instante y que lo que ayer quizás fue un buen momento, hoy puede que no lo sea tanto. Hoy me di cuenta que la vida te da y la vida te quita en función de como sepas manejar tu realidad y te pone a prueba para ver si sabes, te da una oportunidad, dos y hasta más, cuando cree que quizás ya estás preparado para que demuestres que de verdad lo estás. 

No le fallas a la vida, tampoco a ti mismo, no fallas a un destino que está siempre por escribir. Una vez más, aprendes, emprendes, empiezas otra vez y lo intentas y te caes y te levantas y vuelves a intentarlo y te equivocas de la misma forma o mejor si es de forma diferente. Tú lo has dado todo. Pusiste lo mejor que tenías en ese momento y, en ese momento, no fue suficiente. Puede que otro día lo hubiera sido pero ahora, ahora no lo fue. 

Y no te rindes, nunca lo haces, quizás lo pospones para seguir preparándote entre medias, quizás te alejas un poco para verlo desde otra perspectiva, quizás trabajas en ponerte en forma para poder sostener mejor la próxima embestida. Quizás sólo te paras, para recuperar el aliento y seguir adelante. Y así, hasta siempre. 

Porque aprendiste también a ser Fénix y ya va en tu ADN. Porque un día decidiste vivir a través de todo, en lugar de por encima y apostar por esa vida que hace saltar al alma. Ese día tomaste una decisión de la que no hay vuelta atrás: decidiste coger la pastillita roja y, eso, ya lo dijo Morfeo, es sólo un camino de ida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario