Hace unos días decidí que me pondría a dieta de noticias. Lo justo para que no me detuvieran por sacar a mi perra y nada más. El panorama, si uno se deja llevar por las noticias, es más que desolador: la curva, el material sanitario, los parados, los números, los números, los números...
Y si hablan de personas es para apelar al sentimiento de compasión más absurdo: el que nace de la impotencia y tras la impotencia no puede esconderse nada que ayude.
Hoy las noticias se han colado por las rendijas de mi guarida, han burlado la guardia y han entrado, arrollando a su paso y dejándome desarmada. He acudido a mis Dioses: mis libros, mis piedras, mis velas, mi incienso, para conseguir aplacar la devastación. A duras penas lo he conseguido.
Así que he decidido que mi dieta se convertirá en ayuno y, si me para la policía, pues ya lo resolveremos, pero dejarme llevar por el miedo y la locura colectiva a mi no me funciona. Ni a mi, ni a nadie. Nos paraliza, nos anula la creatividad, la voluntad, la determinación y la positividad y esos son las cualidades de las que ahora deberíamos empacharnos.
Porque mi pensamiento al respecto de todo esto sigue siendo el mismo: Algo muy profundo cambiará en lo más hondo del alma de muuuchas personas y con eso habremos de quedarnos.
Porque cuando podamos salir, que acabaremos saliendo, no será en tropel, será con una mirada abierta, precavidos, temerosos, expectantes, como el que ve por primera vez el mar o la nieve. Se nos abrirán los sentidos y miraremos al otro, al de enfrente, al de al lado y puede que hasta consigamos ser cardumen en lugar en enjambre. Y caminaremos con la consciencia del que se sabe que ha transitado por algo más grande, tan grande que no pudimos verlo y, aun así, conseguimos dejarlo atrás.
Yo de esta me llevo el hoy, el dejar para siempre atrás la preocupación por lo que fue y por lo que será. Porque ahora es el único momento en que hacer algo es posible, en el que vivir y disfrutar es posible, porque es sólo hoy, el momento presente, el único responsable de honrar nuestro pasado y el único lugar donde plantar la simiente del futuro.
Dejé en 2019 los miedos por el pasado y hoy, ahora, desde aquí, entierro todos aquellos temores por el futuro. Ese señor no existe. Ese señor soy yo en otro momento que aún no ha sido creado. Papel en blanco, magia de la buena por escribir. Toda la ilusión y todo el corazón cosido con hilo doble y puntadas pequeñas, de las que me enseñó a dar mi madre, para que esos remiendos aguanten más, decía, que la prenda nueva.
Así quedan cosidos los corazones, remendados, reforzados y dispuestos a entregarse una y otra y otra vez. No hay nada, absolutamente nada mejor que hacer en la vida que entregarse y vivir desde ahí.
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