domingo, 22 de marzo de 2020

El sonido de la cuarentena

Es el silencio el único que aplaude la salida del Sol cada día. Las mañanas despiertan replegadas. Las mentes y los corazones van despertando y lo hacen adormecidos, entregándose sin querer a la reflexión de un día más, de un día menos, de que todo esto será por algo y lo peor (y lo mejor) está por llegar. 

A lo lejos se oyen sirenas que, por aquí, todavía pasan sólo de vez en cuando y que así siga siendo. Es el sonido de una cuarentena: sirenas y silencio. Silencio en los balcones hasta que el vecino DJ saca el altavoz en las horas previas al aplauso colectivo, ese que dicen que nos ha Unido, ese en el que aún seguimos volcando nuestra necesidad de encuentro social, silencio en las aceras que apenas se interrumpe con un saludo a media voz. ¿Por qué hemos dejado de saludarnos por la calle? ¿Acaso también nos han prohibido hablar? 

Hoy he bajado a sacar a Aasha y me he vuelto a meter en el pijama y en la cama. Hoy voy a sumarme a todo aquel que reposa para seguir aquí, conmigo, en ese lugar donde aún se construyen sueños y, con un poquito de ganas y práctica, quizás hasta puedan construirse a nuestro antojo. Soñaremos desde aquí con volver a vernos, a abrazarnos, a bebernos el sudor del amor como nunca, como siempre, como un día olvidamos. 

Algún día nada volverá a ser como antes. Y puede que ese día busquemos voluntariamente aquel silencio para que no se nos vuelva a olvidar apreciar un abrazo. 

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