Me gustan los cafés de fin de semana. Puedes dedicar tiempo a prepararlo justo como te gusta: largo, cremoso, especiado. Son esos pequeños placeres que de lunes a viernes apenas pueden disfrutarse y se reservan para el fin de semana. ¿Qué pasaría si en lugar de estar siempre reservando esos pequeños placeres pudiéramos hacer de ellos nuestro día a día? ¿De verdad dejaríamos de apreciarlos? ¿Acaso no sería posible que tuviéramos buen café cada día y el fin de semana buscáramos algo que lo hiciera más magnífico todavía? Quizás un pan recién hecho, quizás unos gofres caseros, quizás un desayuno en la cama.
Gaia ha hablado, no cabe ninguna duda. Ha ido susurrando despacito, de Este a Oeste, en la dirección del Sol, invitándonos a ir más despacio, ralentizando nuestro movimiento hasta no ha quedado más remedio que parar y guardar silencio.
Todavía se oyen a todas horas los altavoces en las comunidades vecinales invitándonos al ruido, pero eso también pasará. Cuando no queden bandas sonoras, ni series que ver, ni memes que mandar, por fin pararemos y entonces los que no puedan mirar hacia dentro, que miren, por favor, al cielo. Como dicen por ahí, la respuesta está escrita en las estrellas. Busquémosla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario