martes, 17 de marzo de 2020

Y, en medio de la tempestad, calma...

El silencio se apodera de los espacios, nos cruzamos con las personas dejando dos metros de distancia, apenas levantando la mirada. Damos los buenos días con la mirada casi en el suelo, por si acaso mi aliento pudiera dañar al otro, por si acaso el suyo pudiera dañarme a mi. Y si le miro me pregunto si lo lleva encima, si el nanobicho también lo ocupó a él o quizás me ocupó a mi y aún no lo se. 

Me hago consciente de la cantidad de veces al día que nos tocamos la cara, los ojos; de cuantos pomos, puertas y picaportes son necesarios para salir de casa. Utilizamos el codo, las llaves, las mangas de la sudadera y nos lavamos las manos al irnos, al volver y una vez más por si acaso me olvidé. 

El país huye de la realidad por medio de la broma, necesita distraerse, pero quizás a veces hay que sentarse, mirar hacia dentro y preguntarnos dónde estamos, qué hicimos o qué podremos hacer para que no vuelva a pasar. 

Esta bien buscar opciones para entretenerse, pero en medio de una sociedad donde nunca encontramos el momento de estar a solas con nosotros, puede que vaya siendo hora de silenciar el móvil, apagar el televisor, cerrar los ojos y preguntarnos qué puede ser eso tan horrible que creemos llevar dentro y que no somos capaces de pararnos a mirar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario