Hoy volvemos a Maputo y mañana temprano ya volamos a Johanesburgo. Ayer fue un día de ritmo africano. El tiempo no hacía muy deseable el buceo, tampoco la playa, así que sólo paseamos por el pueblo. Pero después de ver la veintena de tiendas, comer y tomar un par de cafés te queda poco por hacer. A las 7 estábamos en la cama y hoy levantadas a las 6, con el sol, como cada día. Se supone que nos venían a buscar a las 8-8.30, pero son casi las 10 y aquí no ha venido nadie. Y es que no hay mucho que puedas hacer, África es así: vida slow, contemplar, vivir lento y dejar que el tiempo pase.
Es cierto que a veces hay que parar. Mirarte de arriba a abajo, o no, y no hacer mucho más. Dicen que Europa vivimos demasiado deprisa. Seguramente sea así, estamos enfermos del aprovechamiento del tiempo. Pero ¿acaso el ritmo africano no hace que la vida se escurra entre los dedos? Los días pasan y la vida se va en esperar, moverse lento y seguir esperando: para comer, para desplazarse. Dos horas esperando una chapa, hora y media esperando la comida... Es cierto que es una vida tranquila, desde luego no se les cae el pelo de estrés!. A nosotras nos ha dado tiempo a recoger, desayunar, charlar, comer cacahuetes, volver a dormitar, escribir... Hemos estado media hora hablando de colores... No se. A todo se acostumbra uno... supongo ... O no...
Parece que llega nuestro transporte, dos horas y media más tarde de lo que nos dijeron. Después sigo.
El trayecto hasta Maputo ha sido de los peores que recuerdo de mi experiencia viajera. Acabamos en una pick up sentadas en cajas de botellas de cerveza vacías. El viento era tan fuerte que no podía mantener los ojos abiertos. Frío, culo dormido, piernas atrapadas entre una bombona y los cajones de botellas y los saltos de la carretera. Una parada para descargar y cargar botellines, otra para empujar la pick up que quedó enterrada en la arena y varias más para subir y bajar gente.... y, en medio de todo eso, unas cuantas jirafas, gacelas y cebras al borde de la carretera. Ya lo decía Shakira: porque esto es África.
Para nosotros cada una de estas historias vividas ha sido una experiencia y una aventura, resueltas con un cuenco de sopa y una ducha caliente (cuando la hubo). Para ellos es su día a día y la mayoría de las veces mucho peor. ¿Qué hacemos con todo esto? Intentar no olvidarlo, guardarlo en la mochila de las experiencias vividas, agradecer cada día lo que el universo nos ofrece siendo conscientes de lo valioso que es y ser compasivo con cada ser vivo.
La chica que lleva nuestro backpackers es madre soltera de una bebé preciosa llamada Naiara. Nos ha pedido que dejemos todo aquello que ya no vayamos a usar si no nos importa, champús y repelentes que aquí son bastante caros. Hemos estado un rato vaciando lo que nos queda en las mochilas y de repente compartir nos ha parecido una de las mejores cosas que pueden ofrecerse. Ellos nos han dado risas y sonrisas, bailes, música y muchos "bon día" cada día. Dejamos algunos botes medio vacíos, algún medicamento, algo de ropa y seguro que también algo de cada una de nosotras. Al fin y al cabo, viajar es repartirse un poquito por el mundo y recoger aquello que los demás quieran ofrecernos.
Hay que venir a África, no es lógico que, con lo grande que es el mundo, sigamos la vida desde el estrecho ángulo de visión que nos ofrece nuestro confort europeo.
Besos mozambicanos. Mañana retransmitiendo desde Sudáfrica,
Vir
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